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De la crítica social a la expresión abstracta en pintores mexicanos

De acuerdo con Nancy Moyer, profesora emérita de Arte de la Universidad de Texas-Panamericana y crítica de arte, los pintores mexicanos han ido abandonando los temas nacionalistas-psicológicos que predominaban la creatividad de los realistas sociales, después de la Primera Guerra Mundial y que fueron encabezados por pintores como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.

El realismo social, caracterizado por exhibir las necesidades de los pobres sin rostro y el interés por educar a los mexicanos sobre sus raíces culturales cedió años mas tarde con representaciones de la población indígena local y sus estilos de vida, movimiento artístico que se denominó Escuela Modernista Mexicana, en la que sus miembros con Pablo O’Higginas, Raúl Anguiano o Leopoldo Méndez exponían con menor crítica política la rica vida cotidiana en el México profundo, acompañando sin palabras el interés nacionalista de la época que buscaba su lugar en el orden económico mundial internacional.

Moyer escribe: “Artistas como Francisco Toledo y Manuel Felguérez alejaron aún más el arte latinoamericano de la agenda social a partir de mediados de siglo (pasado). Las obras ‘Sin Título’ de Toledo todavía demuestran preocupación por la cultura mexicana, pero sus obras generalmente incorporaron surrealismo, paradojas visuales y elementos de los estilos de pintores europeos.”

El estilo abstracto, no figurativo representó la influencia de la escena artística internacional en los artistas latinoamericanos en los años noventa.

La perspectiva de Moyer es interesante porque da pistas sobre lo que se está percibiendo en el entorno internacional de la producción artística mexicana, especialmente porque su relato termina en lo que ocurrió de 20 a 30 años atrás. No menciona, por ejemplo, que justo en donde su relato se interrumpe Francisco Toledo elige (en 1992) elige a la Ciudad de Oaxaca como su lugar de residencia, para convertirse en la décadas siguientes en el alma activista de las tradiciones y cultura de esta ciudad fundamental en la producción artística del país.

¿Por qué se suspende en el tiempo la visión de lo que ocurre en el arte mexicano?

No menciona, por ejemplo, como Francisco Toledo luchó por frenar la construcción de un McDonald, símbolo de la cultura chatarra de la civilización actual, ni que defendiera a mixtecos, mixes, triquis y zapotecas.

Una visión sin un contexto cultural cercano no alcanza a percibir que la defensa cultural no desapareció en artistas con alto grado de conciencia y conocimiento de México como fue el maestro Fancisco, sino se convirtió en algo mucho más abstracto y simbólico pues su arte siempre “estuvo impregnado de los mitos chamánicos y las antiguas historias mesoamericanas. Se inspiró de las influencias europeas pero rara vez se desvió de Oaxaca, al trasmitir la sensualidad y la riqueza natural del estado”, escribe Daniel Hernández para el The New York Times unos días después de la muerte de Toledo.

La expresión simbólica es explicada por mucha lucidez por artista, teórico e investigador Julio Amador Bech al fundamentar que es el símbolo es la primera unidad inteligible de la expresión del imaginario y representa para el ser humano la posibilidad de penetrar en los distintos niveles de la realidad.

Este simbolismo tiene diferentes ámbitos de expresión, como el uso del color que en muchas obras tienen un origen oculto o doctrinario, en algunos casos esotérico o religioso o las figuras simbólicas que pueden ser descriptivas o narrativas que a menudo caen el fascinante mundo del mito o de una visión singular de la realidad y la historia.

De este modo Amador propone entender a la obra como tautológica (es decir, que contiene una verdad en sí misma). La obra tendrá de este modo un valor en sí mismo conforme la correlación entre la intención del creador y la experiencia estética subjetiva.

A esta conclusión llega también Joseph Kosuth quien en una entrevista afirmó: “Intento entender cómo construimos el significado del arte para comprender las dimensiones sociopolíticas e históricas de nuestro tiempo. Soy un artista en una época en el que la filosofía ha muerto…”

La perspectiva de ambos artistas y críticos del arte nos lleva a comprender que las expresiones abstractas de los pintores mexicanos en Oaxaca, tienen un significado simbólico que está estrechamente relacionado con la cultura pero también con el contexto social y político del momento.

Incluso, quizás, sin que sus autores lo tengan presente de forma consciente, su subconsciente siempre ligado con ese mundo inmaterial de lo colectivo estará expresando a través de símbolos realidades que se agazapan para tomarnos por asalto.

Autor Gustavo Guerrero

La opiniones del autor no corresponden necesariamente al punto de vista de la Galería

La imagen pertenece a la obra "Tortuga Árbol" de Cecilio Sánchez


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